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Full text of "Recursos para la Escuela Sabatica"

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Recursos Escuela Sabática 

I Trimestre de 2008 

Libro Complementario 
Ideas prácticas para el discipulado 

Capítulo 6 

Lo étnico y el discipulado 



Algunos creyentes, en la iglesia primitiva, sintieron que el evan- 
gelio era solo para los judíos y que las personas de otros grupos 
étnicos debían hacerse judíos para poder participar. De hecho, Pedro 
fue reprendido y tuvo que defender sus acciones cuando entró en un 
compañerismo con comida en la casa de Cornelio y bautizó a una familia de gen- 
tiles (ver Hechos 10). ¿Estaba el cristianismo limitado en su enfoque, y reservaba 
el discipulado a etnias específicas? Este capítulo considera estos problemas de 
los tiempos bíblicos y sus expresiones actuales. 

Muchas personas suponen, sin un examen prolijo de los hechos, que el ministerio 
de Jesús se limitó a los judíos. ¿No abarcó su ministerio solamente Judea y Gali- 
lea, y no eran éstos territorios judíos? Esta percepción es sustentada por personas 
que a menudo estudian eventos específicos sin referencia a sus contextos. Un 
nombre más exacto para Galilea es realmente Galilea de los gentiles (Mateo 
4:15). Esto implica que era un área gentil. Cuando se consideran los muchos in- 
formes de la obra de Jesús en Galilea, se puede suponer que su obra de discipula- 
do puede haber incluido algunos gentiles, pues sabemos que él no tuvo prejuicio 
ni fanatismo. 

Juan 4:39 al 42 recuerda una experiencia que Jesús tuvo con los samari taños. En 
los versículos anteriores, la mujer junto al pozo dejó sus vasijas y regresó a la 
aldea para invitar a sus conciudadanos a venir a encontrarse con Jesús, "un hom- 
bre que me ha dicho todo cuanto he hecho". Ella hasta presentó la posibilidad 
de que Jesús fuera el Mesías. Sabemos que muchos de los aldeanos aceptaron 
a Jesús por causa del testimonio de la mujer. Al encontrarse con Jesús, lo per- 
suadieron de que se quedara con ellos, presumiblemente para enseñarles. Juan 
dice que quedó en Samaría dos días. Sin duda, ocurrió algo de discipulado. 
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La historia de los diez leprosos (Lúe. 17:11-16) también habla de la obra de 
Jesús con los samaritanos. El décimo leproso, que volvió para dar las gracias, 
era un samaritano. El mostró su gratitud por lo que Jesús había hecho, no solo al 
no ir al sacerdote para ser declarado limpio, sino también al regresar a Jesús para 
darle gracias y alabar a Dios en voz bien alta. Jesús le dijo a este samaritano que 
su fe lo había sanado. La palabra griega usada para su curación significa ser sal- 
vado. Esto implica que la fe del samaritano no sólo lo había salvado físicamente 
sino también espiritualmente. 

Es interesante notar que Jesús se refirió a este samaritano como a un "extranje- 
ro". Note que a pesar de reconocerlo como un samaritano y extranjero, Jesús lo 
trató con respeto y no lo discriminó. En cambio, Jesús recompensó su fe. ¿Se- 
guimos a Jesús al tratar con respeto a los extranjeros y a las personas que son di- 
ferentes? 

Los encuentros de Jesús con los samaritanos muestran que él no aceptaba los pre- 
juicios de su tiempo. El no vio la diferencia étnica como una barrera para la sal- 
vación de ese grupo. En cambio, cruzó las barreras étnicas por el bien del evan- 
gelio y la salvación de las almas. Los cristianos contemporáneos deberían hacer 
lo mismo. 



¿Podría el prejuicio racial y étnico estar estorbando el progreso y la unidad de 
la iglesia? ¿Puede usted hacer algo que produzca una diferencia en este tema, 
como lo hizo Jesús? 

Los romanos 

En el primer siglo, había gentiles influyentes que se identificaban como temero- 
sos de Dios. Aunque recibían la influencia de las enseñanzas del judaismo, no se 
convertían totalmente a él. Seguían sobre el cerco, aunque donaban sinagogas y 
asistían a los cultos del sábado. No se sometían al bautismo de los prosélitos ni 
abrazaban todo el yugo de la Torah. 



Lucas 7:1 al 10 habla de un centurión romano en Capernaum, que tenía un es- 
clavo valioso que estaba enfermo y cercano a la muerte. Lucas dice que, cuan- 
do el centurión oyó acerca de Jesús, envió a algunos ancianos judíos con el fin de 
invitar a Jesús para que sanara a ese siervo. Este centurión era temeroso de Dios. 
El había revelado su amor por el judaismo al construir una sinagoga. Que él haya 
enviado un mensaje a Jesús significa que creía en el poder de Dios. Que los an- 
cianos judíos suplicaran por este hombre era poco usual, dada la actitud corriente 

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de los líderes judíos hacia Jesús. No obstante, esto indica que los ancianos respe- 
taban la fe del centurión así como la capacidad de Jesús de ayudarlo. 

La gran fe y la gran humildad demostradas por ese no judío asombraron a Jesús, 
y él lo recompensó sanando al criado del hombre. Lucas sugiere que lo seguía una 
multitud. Debe recordarse que seguir implica discipulado. Jesús alabó la fe del 
centurión frente a esta multitud, notando que él no había encontrado una fe tan 
grande en Israel. Uno se pregunta si la multitud y los discípulos de Jesús estaban 
incluidos en esta observación. Además, aunque Lucas no escribió nada explíci- 
to acerca del discipulado aquí, es dudoso que un hombre temeroso de Dios, tal 
como el centurión, se hubiera resistido al discipulado después de una curación 
tan notable. 

Elena de White afirmó que esta curación milagrosa fue importante para el centu- 
rión y para el evangelio. Ella notó que, para Jesús, la fe de este centurión "era una 
prenda de la obra que el evangelio iba a cumplir entre los gentiles. Con gozo, 
miró anticipadamente a la congregación de almas de todas las naciones en su re- 
ino". ' 

Un segundo oficial romano también expresó fe en Jesús. Los tres evangelios 
sinópticos registran su experiencia (Mateo 27:54; Marcos 15:39; Lucas 23:47), 
lo que podría indicar que la iglesia primitiva tenía en cierta estima este inci- 
dente. Este centurión fue uno de los que presidieron sobre la crucifixión de 
Jesús. Los tres informes sugieren que, cuando él sintió el terremoto y vio cómo 
murió Jesús, confesó que Jesús era realmente el Hijo de Dios. 

Otra vez, aunque nada se registra acerca de lo que hizo después de esta confe- 
sión, es concebible que más tarde haya aceptado la fe. Si es así, entonces él habr- 
ía compartido su fe con otros, y así cumplía su discipulado. 

Hechos 10:1 a 11:18 menciona un tercer centurión romano, llamado Cornelio. 
El era un devoto temeroso de Dios, que era generoso con los necesitados y ora- 
ba a Dios fervientemente. Dios le envió un ángel para informarle que Dios 
aprobaba sus dones y sus oraciones, y para indicarle que enviara a buscar a Pe- 
dro. Los emisarios de Cornelio encontraron a Pedro y lo llevaron a la casa de 
Cornelio. Esta visita era contraria a los escrúpulos judíos: quebraba los códigos 
de pureza que prohibían la asociación con gentiles. Pero Dios ya le había dicho a 
Pedro que no llamara a personas como Cornelio -a quien Dios ya había limpia- 
do- comunes, o inmundas. Algunos miembros de la iglesia de Jerusalén objeta- 
ron la acción de Pedro. Hasta lo reprendieron. Sin embargo, Dios confirmó el 



Elena G. de White, El Deseado de todas las gentes, p. 284. 

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discipulado de Cornelio y de su familia. Mientras Pedro predicaba a los reuni- 
dos en la casa de Cornelio, el Espíritu Santo lo interrumpió con el "Pentecostés 
gentil". Para asombro de Pedro y sus acompañantes judíos, Dios derramó el 
Espíritu sobre estos gentiles, que hablaron en lenguas como lo habían hecho los 
judíos en la experiencia registrada en Hechos 2 (ver Hechos 10:44^-6; 11:15). 
Pedro, más tarde, confesó que él no podía oponerse a esta obvia intervención 
divina en favor de otro grupo étnico. 

Los líderes cristianos de origen judío de la iglesia de Jerusalén objetaron las ac- 
ciones de Pedro y le pidieron que las explicara. Es significativo que ellos no lo 
acusaron de convertir a un gentil; su acusación era que había tenido un compañe- 
rismo a la mesa con los gentiles. Los judíos no podían comer con los gentiles, 
pues las leyes de alimentación judías y los límites asociados lo impedían. Las 
comidas simbolizaban un vínculo social, que no era permitido por sobre las 
fronteras religiosas y étnicas. No obstante, Dios quebró esas barreras para efec- 
tuar la conversión de este gentil. ¿Qué puede enseñarnos esto acerca de cómo el 
prejuicio puede estorbar los planes y las acciones de Dios? ¿Cómo podemos evi- 
tar la repetición de actos en los que la elección humana y el prejuicio interfieren 
con la obra de Dios en favor de la iglesia? 

Pareciera que la elección que Dios hizo de William Foy y más tarde de Elena de 
White demuestra su deseo de enseñarnos lecciones similares. ¿Ya las hemos 
aprendido, y estamos abiertos a su conducción? ¿Cómo trataría hoy su iglesia a 
Pedro y a Cornelio? 

Cada alma tiene valor a la vista de Dios, porque todos los seres humanos son 
el resultado de la creación original de Dios. Ninguna raza o etnia tiene prio- 
ridad a la vista de Dios, porque el suelo es parejo al pie de la Cruz. 



La mujer sirofenicia 

Mateo 15:21 al 28 relata que Jesús se retiró a las regiones de Tiro y Sidón 
porque los líderes judíos estaban completando su desaparición. En este territorio 
gentil, Jesús entró en una casa pero no quería que se supiera que él estaba allí 
(Marcos 7:24). No obstante, una mujer gentil pronto lo encontró. Ella se dirigió 
a Jesús en términos mesiánicos, implicando que sabía quién era él. Entonces, le 
pidió que sanara a su hija, que estaba poseída por el demonio. 

Jesús le respondió en una forma enigmática. La ignoró. Los discípulos no pasa- 
ron eso por alto, y esto despertó en ellos sus sentimientos de superioridad judía. 
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Ella era una extranjera, una mujer, gentil y de otro país. Su persistencia los mo- 
lestó, y ellos suplicaron a Jesús que detuviera las peticiones irritantes, despachan- 
do a la mujer. La respuesta de Jesús a ellos, de que era enviado a las ovejas per- 
didas de Israel, también es enigmática. 

La mujer persistió, y Jesús contestó en un estilo lleno de prejuicios, llamándola, 
esencialmente, perro. Esto no la detuvo. De hecho, esta discusión es probablemen- 
te la única que Jesús no ganó, porque después de la respuesta de ella, de que aun 
los perros tienen derecho a las migas que caen de la mesa, Jesús notó su gran fe y 
le otorgó lo que pedía. ¿Por qué Jesús la trató como lo hizo antes de otorgarle su 
pedido? ¿De qué modo se relaciona esto con el discipulado? 

La fe de la mujer y el otorgamiento del pedido habrán estimulado el discipulado 
personal de ella. Pero también contenía una lección muy importante para sus 
discípulos. "El propósito de Cristo era el de enseñar a sus discípulos una lección 
acerca de la forma en que debían trabajar por los que no eran judíos. Lo hizo 
mostrando el contraste entre el proceder común de los judíos y su propio pro- 
ceder [...]. Es probable que un típico rabino judío habría hecho exactamente lo 
que los discípulos proponían: habría despachado a la mujer sin siquiera respon- 
der a su pedido. [...] Jesús no compartía de ningún modo el estrecho exclusivismo 
con que los judíos se distanciaban de los gentiles". 

Además, "aunque esta respuesta parecía estar de acuerdo con el prejuicio de los 
judíos, era una reprensión implícita para los discípulos, quienes la entendieron 
más tarde como destinada a recordarles lo que él les había dicho con frecuen- 
cia, a saber, que había venido al mundo para salvar a todos los que querían acep- 
tarlo". 3 

¿Hay todavía muros de fanatismo y prejuicios que deben ser eliminados en 
forma permanente? ¿Qué hará usted para lograr esto, y conseguir la difusión 
exitosa del evangelio en su comunidad? 



Los siete y el eunuco 

Hechos 6:1 a 8:40 demuestra cómo el crecimiento y el progreso temprano de la 
iglesia fueron desgarrados por la diversidad étnica de sus miembros. Los senti- 
mientos de superioridad de los judíos palestinos de habla aramea por sobre los 

2 Francis D. Nichol, Comentario bíblico adventista, tomo 5, p. 410. 

3 White, Ibíd., pp. 366, 367. 

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judíos de la diáspora, que hablaban griego, socavaron las relaciones de la igle- 
sia. (Diáspora se refiere a los judíos que vivían fuera de Judea y Galilea.) Las 
Escrituras implican que, durante la distribución de alimentos, las viudas hebre- 
as eran favorecidas por encima de las viudas helenísticas. Al sentirse descuida- 
das, los judíos helenísticos se quejaron a los dirigentes de la iglesia, y el resultado 
fue que se eligieron siete hombres para supervisar la distribución de la comida, 
de modo que los apóstoles pudieran atender el ministerio de la Palabra. 

¿Cómo podemos impedir que sentimientos de superioridad ocultos o prejuicios 
aparezcan e interfieran con los programas diseñados para esparcir el evangelio y 
hacer discípulos? ¿Qué puede hacer usted para impedir que ocurran cosas así en 
su iglesia? 

Aunque los Siete fueron elegidos para servir a las mesas, dos de ellos, Esteban y 
Felipe, se distinguieron mediante el discipulado y el ministerio de la palabra. 
Hechos 6:8 a 8:3 describe a Esteban y su discipulado. El estaba lleno de gracia y 
poder, e hizo grandes señales y prodigios entre la gente. Estos versículos revelan 
los extremos que el enemigo tiene para destruir el auténtico discipulado que él 
no puede desacreditar. Esteban fue apedreado por su discipulado; no obstante, 
ese mismo acto fortaleció el discipulado y expandió el cristianismo. Cuando los 
cristianos huyeron por la persecución que siguió a la muerte de Esteban, ellos 
ayudaron a esparcir el evangelio por las tierras a las cuales fueron. El diablo quiso 
hacer daño con la muerte de Esteban, pero Dios la convirtió en algo bueno. 

Hechos 8:4 al 40 detalla cómo el discipulado de Felipe lo llevó a la ciudad de 
Samaría a proclamar al Mesías. Mientras estuvo allí, grandes multitudes lo si- 
guieron, atraídos por lo que decía así como por los milagros que realizaba. Allí 
se encontró con un mago llamado Simón, que mesmerizaba a la gente con sus 
encantamientos. Muchos de los samaritanos, incluyendo a Simón, aceptaron el 
evangelio y fueron bautizados. No obstante, Simón demostró ser un discípulo 
falso. En última instancia, fue expuesto como alguien que tenía intenciones no 
sinceras, que deseaba usar el evangelio para obtener poder, alabanza, reputa- 
ción y dinero. El nombre de Simón generó el término simonía, para la práctica 
de usar cosas sagradas para ganancia personal. 

De Samaría, el Espíritu dirigió a Felipe hacia el sur, al camino que descendía de 
Jerusalén a Gaza. Allí se encontró con el eunuco etíope -un oficial de la corte 
de la reina de Etiopía- que estaba en camino a su casa después de adorar en Je- 
rusalén. Que el eunuco hubiera estado en Jerusalén para adorar significa que era 
un prosélito o un temeroso de Dios. Que él hubiera adorado en Jerusalén dice 
que no era un eunuco en el sentido corriente, ya que eso lo excluiría del Templo. 
Eunuco, aquí, implica el cargo que tenía. 

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Al ser un buscador de la verdad, este hombre escuchó a Felipe, solicitó el bautis- 
mo, y fue bautizado. Este era el Pentecostés africano. Que él siguiera su camino 
gozoso significaba que había encontrado la verdad de Uno que había muerto pa- 
ra salvarlo del pecado, había entregado su vida a él y había experimentado la 
salvación. También significaba que tomó su recién encontrada fe y la llevó a 
Etiopía, para él lo último de la tierra (Hechos 1:8), donde sin duda la compartió. 



"Solo compartiéndose puede un hombre salvarse de la dureza o el dolor del 
corazón; solo al sanar a otros puede él sanar su propio dolor profundo" (Au- 
tor desconocido). 

La iglesia de Antioquía (Hechos 13:1-3) 

La persecución que siguió al apedreamiento de Esteban y las actividades de Saulo 
anteriores a su conversión llevaron a los creyentes en el evangelio a muchos paí- 
ses. Entre los lugares adonde fueron, estaba Antioquía de Siria, donde se realizó 
la primera presentación organizada del evangelio a los gentiles. Lucas dice que 
el Señor estuvo con esta iniciativa, y que "gran número creyó y se convirtió al 
Señor" (Hechos 11:21). El crecimiento fue tan fenomenal que los dirigentes de 
Jerusalén enviaron a Bernabé para ayudarlos. 

Al llegar, Bernabé consiguió la ayuda de Saulo de Tarso para su misión de disci- 
pulado. Esto tuvo un efecto positivo sobre la iglesia y no solo la hizo crecer sino 
también le dio un sentido de preocupación social, de mayordomía y de misión. 
Lucas dice que enseñaron a "mucha gente" durante un año entero. El éxito de 
sus esfuerzos resultó en que los creyentes recibieron el sobrenombre de "cristia- 
nos", por seguir a Cristo. Lee lo que Lucas tiene para decir acerca de estos te- 
mas en Hechos 1 1 :25 al 30. 

Hechos 13:1 al 3 nos habla acerca de algunos dones espirituales que los discípu- 
los de la iglesia de Antioquía poseían, así como de la composición étnica de su 
liderazgo. El texto dice que los dones incluían la profecía y la enseñanza. Ber- 
nabé era un judío chipriota y, por lo tanto, de la Diáspora. Saulo, que era de 
Tarso, también era un judío de la Diáspora. Manahem era un buen amigo o un 
hermanastro de Herodes Antipas. Simón, llamado Niger, que es una palabra la- 
tina para "negro", muy probablemente era africano. Lucio provenía de Cirene, 
en el norte de África. En otras palabras, el liderazgo de la iglesia de Antioquía era 
étnicamente muy diverso. Dos de los tres judíos eran de la Diáspora: uno era de 
Judea, y dos de los cinco líderes eran de ascendencia africana. Estos discípulos 

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no permitieron que su origen étnico los dividiera. No; estaban comprometidos 
con la misión del discipulado. Ejecutaron sus tareas enseñando y se consagra- 
ron para la misión por medio de la conducción del Espíritu. 

Estos líderes estaban dedicados al discipulado y se dieron cuenta de que no podían 
tener éxito en sus esfuerzos estando solos: dependían de Dios, y lo adoraban con 
ayuno y oración. Fue a esta iglesia, con su compromiso con el discipulado, que el 
Espíritu Santo reveló la voluntad de Dios para las misiones. Por el impulso del 
Espíritu, los feligreses comisionaron y consagraron a Saulo y a Bernabé para que 
llevaran el evangelio a "lo último de la tierra", en cumplimiento del mandato de 
Jesús en Hechos 1:8. 

El impacto de una iglesia que oraba y de discípulos comprometidos cambió pa- 
ra siempre el carácter de la iglesia cristiana. Resultó en tres viajes misioneros, 
un viaje a Roma y la salvación de miles de personas. En forma similar, el im- 
pacto de una iglesia contemporánea que ora podría ser decisivo para el discipu- 
lado y el cumplimiento de la misión. ¿Podría esta ser su iglesia? Para serlo, una 
iglesia debe estar suficientemente sintonizada con el Espíritu, como para que 
Dios pueda revelarse a ella como lo hizo con la iglesia de Antioquía. 

Hemos visto que el ministerio de Jesús fue variado y abarcante. Vemos que Jesús 
derribó muros de prejuicio y exclusivismo, y que él usó toda oportunidad para en- 
señar y ser un modelo de las actitudes esenciales del discipulado. Dios preparó a 
personas para la expansión étnica; sin embargo, el prejuicio puede perturbar y 
estorbar esos esfuerzos. Los discípulos contemporáneos deben estar abiertos y 
dispuestos a seguir la conducción de Dios. "No hay barreras que el hombre o Sa- 
tanás puedan erigir y que la fe no pueda traspasar". 4 

"No tiene límite la utilidad de aquel que, poniendo él yo a un lado, deja 
obrar al Espíritu Santo en su corazón" (El Deseado de todas las gentes, p. 
216). 



4 Ibíd., p.369. 

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